Pepe Cerillas
rey de paranoias


Relato de Vida
y de Intriga

Pepe Cerillas

Pepe Cerillas no se cree nada,... y los siniestros lo saben

 INCLUIDO en la antología
"Un rostro oriental y otros relatos"
>>>

Pepe Cerillas

Rey de paranoias.

 

Pepe Cerillas alargó la siniestra para coger el papelote arrugado. 

Tenía la cara apoyada en la vieja americana que había enrollado a modo de almohada. El otoño recién se estrenaba y no hacía frío aquella noche. Sonaron las dos de la madrugada en el reloj de Santa María del Mar y, a no ser por el taconeo apresurado que se alejaba redoblando por el callejón, hubiera dormido sobre sus cartones hasta el amanecer, cuando pasa el carro de Limpieza Municipal con sus cepillos giratorios y su alcachofa de agua. Pero aquel papel había rebotado en sus narices y luego rodó hasta detenerse a tres palmos de su rostro. Alargó la zurda porque lo era, zurdo, y acercó el papelote a sus ojos mientras se incorporaba.

Tenía seca la boca. Agrietada, la lengua le arañaba el paladar y se encallaba en los resecos labios en un vano intento por humedecerlos. Palpó a sus espaldas hasta dar con el tetra brick de Don Simón; levantó la pestaña y se largó un buen trago de tintorro. “¡Dios bendiga al San Simón!”, oró. ¿Cuántas veces habría repetido esa oración, tan breve como fervorosa, en los últimos años? No recordaba la primera vez que elevó al don a los altares. Qué más daba un don que un santo: si se trataba de buen vino merecía estar en el centro de sus oraciones.

Ya, mientras desplegaba el arrugado papel, malició algo. La forma rectangular, la textura crujiente, el peculiar quejido mientras lo desdoblaba le resultaban familiares; aunque el tamaño le parecía un tanto grande. Sentado en el suelo como estaba, depositó el papel sobre la rodillera izquierda de su gastado pantalón de pana oscura. El acanalado género amarró la hoja mientras hurgaba en un bolsillo en busca de una caja de cerillas. La encontró enseguida, no en vano todos le llamaban Pepe Cerillas. A tientas, pues la penumbra reinaba en el callejón, abrió la caja y palpó la cerilla hasta distinguir el extremo barrigón del mixto. Luego, raspó sobre la lija y escuchó la deflagración del fósforo. Cerró los ojos para aspirar el olor acre del humo, le gustaba tanto… Cuando los abrió, ya miraba el papel.

– ¡Joder, San Simón me ampare!”- exclamó con voz queda. Era el primero que veía en directo y, por supuesto, el primero que tocaban sus dedos. Pero los había visto en los posters que cuelgan en las paredes de los bancos, con flechas que señalan los elementos de seguridad que distinguen los falsos de los verdaderos.  Además, sabía leer; que una cosa es ser mendigo y otra ser analfabeto. De hecho, casi todos los mendigos que conocía sabían leer; y alguno había conocido que decía ser ingeniero o doctor. Y les creía. Pepe Cerillas tenía un estupendo olfato para las mentiras: había descubierto que Franco no había muerto al primer vistazo que echó a la lápida del dictador. ¿Cómo no se daba cuenta la gente de que aquello no era una lápida, sino la puerta de un búnker? Seguro que, desde allí, el Generalísimo mandaba más que cuando estaba vivo. En fin, si las gentes no querían creerle, allá ellos. Pero, ahora, lo que de verdad importaba era que aquel papelote amoratado como la casulla de un obispo era, sin duda, un billetazo de quinientos euros. Lo ponía bien clarito en las esquinas: QUINIENTOS EUROS. Un «Bin Laden», así les llamaban a estos billetes, porque eran tan difíciles de ver como el famoso terrorista moraco. ¡Cómo si no supieran que, el moro ese de las barbas, habitaba un zulo debajo de la Casa Blanca y que, desde allí, movía como marionetas a los falsos presidentes de USA! Fingieron su detención y no expusieron su cadáver porque se hubiera descubierto la patraña de su supuesta muerte. Todo aquello fue una farsa, un montaje de Hollywood; como aquello del alunizaje en los años 60: cualquier tonto sabe que la Luna no soportaría el peso de esa enorme nave espacial.

“Crisis, dicen, ¿qué crisis? ¡Si la gente tira ya los billetes de quinientos eurazos! …

(nota del autor: este relato es el único que se encuentra también en la antología I de Intriga: «Buscando a Anna y otros relatos» dada la temática que trata. )

¿Te ha gustado este fragmento?
Lee el relato completo en Antología I.

INCLUIDO en la Antología I:
"Buscando a Anna y otros relatos"
Ver... >>>

Y si quieres leer un nuevo relato completo gratis, deja tu correo y te avisaré cuando publique el siguiente relato gratuito de la semana.

En el blog:
Pobreza y salud mental
¿Tú qué opinas?

Si te ha gustado, compártelo con tus amigos.