Historia de
la Ciencia


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Historia de la Ciecia

Una interesante conferencia del futuro sobre nuestra época.

 INCLUIDO en la antología
"Un rostro oriental y otros relatos"
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HISTORIA DE LA CIENCIA

Lección 25: sobre la eficacia de la ley Heinsenstal en el desarrollo de las sociedades del siglo XXII

(impartida por el ilustre profesor Jurut Pesoj en la Universidad para Privilegiados de Praga en el curso 2158/59).

«El ruido de la televisión es realmente insidioso; es un murmullo sordo que se va adueñando de tu cerebro, lo reblandece, lo amasa y lo deja convertido en un bollo o un croissant. Sin embargo, nadie lo apaga. Una vez encendido, se adueña impunemente de la casa y de las personas. Taladra los cráneos, penetra por las orejas y se expande por todo el sistema nervioso, y se adueña de él».

Esta calumniosa —y simplista— descripción del sonido de los televisores fue publicada en una de las más prestigiosas revistas de política estratégica, dependiente del Foreign Office de Gran Bretaña, por un prestigioso periodista a principios del siglo XXI, exactamente en el número correspondiente a junio de 2010. La gran repercusión de las calumniosas, aunque en parte acertadas, opiniones de este individuo —cuyo nombre ha sido borrado definitivamente de cualquier fichero actual— hizo que los gobernantes incrementaran su atención en el fenómeno de la penetración en las mentes biológicas conscientes. Ordenaron a sus mejores científicos que se centraran más en la tecnología encaminada a aprovechar mejor esa vía de penetración en la mente de los ciudadanos.

Era como descubrir un nuevo continente. Y, como tal, decidieron explotarlo. Entraban en las mentes, se infiltraban en ellas, escondidos en aquel ruido. Subrepticiamente. Poco a poco, sin que los ciudadanos se diesen cuenta, se iban haciendo dueños de su voluntad. La vieja publicidad cargada de mensajes subliminales había sido la precursora de las nuevas y sofisticadas técnicas de manipulación.

De hecho, ahora, la publicidad que se emitía por la pequeña pantalla —no tan pequeña, pues ninguna era ya inferior a las 47 pulgadas— carecía ya de aquellos recursos. Nunca la publicidad había sido tan veraz como entonces. El verdadero caballo de Troya se escondía en los programas corrientes de entretenimiento y en los informativos. Los reality y los magacines de actualidad ocupaban el ochenta por ciento del tiempo de emisión. Su efectividad crecía a medida que la gente se aburría de ellos.

Se descubrió que, cuando los telespectadores se cansaban de un programa, no apagaban el televisor ni cambiaban el canal. Esto último era inútil, dado que todos los canales emitían programas similares. Lo que sucedía era que la gente dejaba el aparato abierto, con el volumen considerablemente alto, de tal forma que podía escucharse por toda la casa. Escucharse, no entenderse. A nadie le importaba —ni le importa a nadie hoy día— lo más mínimo el contenido de aquellos programas de televisión. Sin embargo, se habían habituado de tal manera a su ruido que no soportaban su ausencia. Una vez acostumbrado a ese sonido, el ciudadano medio ya no toleraba el silencio. Aquella fue la clave de las nuevas modalidades y técnicas de manipulación de las conciencias.

No está muy claro quién fue el primero en describir los mecanismos de aquel fenómeno psicológico, puesto que, casi al mismo tiempo, publicaron sendos artículos sobre el tema el conocido doctor en Psicología Franz Clauswitch Heinsenstal y el Nobel en Sociología Dr. Yashumiro Narayita. Aunque cada uno abordaba el tema desde su disciplina, lo cierto es que su conclusión fue la misma, quedando definida en la que hoy conocemos como la ley Heinsenstal sobre atención/resistencia. Personalmente, creo que fue injusto dar el nombre del alemán a este importante descubrimiento, pues la vertiente social del mismo y sus aplicaciones en psicología sociopolítica son las que verdaderamente nos han llevado al actual estado de paz y bienestar.

En cualquier caso, lo que nos concierne a quienes nos encontramos hoy en esta aula es el resultado de dichas investigaciones, cuyas aplicaciones tanta trascendencia han tenido para el desarrollo de nuestra actual sociedad, tanto para los hombres como para las máquinas. Así pues, veamos el enunciado de la conocida ley de atención/resistencia.

Bien, esta ley dice lo siguiente: la eficacia de un mensaje emotivo es directamente proporcional a su repetición e inversamente proporcional a la atención prestada al mismo. Con el conocido, e importante, corolario sobre la relación entre la desatención y la docilidad.

Ampliando el enunciado, referido a los mensajes emocionales, nos dice que cuanta menor es la atención que se presta a un mensaje, menor es la resistencia que se opone al mismo; de tal forma que, si dicho mensaje se repite n veces, el ente biológico deja de prestarle atención, con lo cual deja de oponer resistencia al mismo. A partir de n+1 repeticiones, el estado emotivo del sujeto inicia un proceso de identificación con dicho mensaje, que se va incrementando con las sucesivas repeticiones, hasta que sus emociones —llamadas sentimientos fuera del ámbito científico— son exactamente aquellas que transmiten tales mensajes; a tal circunstancia de repetición nos referiremos, en adelante, con el término científico de «ruido emotivo».

De esta ley se desprende el importante corolario sobre desatención y docilidad.

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